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L'autenticità vince sempre L'autenticità vince sempre

La autenticidad siempre gana




Muy al estilo Dynamo. Es el deseo de sonreír siempre, de esforzarse sin querer aparentar, ni tener prejuicios. Para aliviar a los campistas y a las familias del peso de la enfermedad y mejorar la calidad de su vida.



Si existiera un diccionario del lenguaje de Dynamo, en la entrada «autenticidad» se leería: el deseo natural de sonreír siempre, de esforzarse sin peros ni condiciones, abandonando el deseo de aparentar y los prejuicios, sin fingimiento, con humildad, para aliviar a los campistas y a las familias del peso de la enfermedad y simplemente mejorar la calidad de su vida. La autenticidad es un estilo natural para Dynamo, es parte de su cultura. Es lo que permite a cada miembro del personal y a todos los voluntarios hacer lo imposible. Un universo de gestos, actitudes, energías positivas, en el que, paradójicamente, incluso se puede prescindir de las palabras.




Lo sabe bien Giovanna Santella, bióloga napolitana, a la que solo le faltan cuatro exámenes para convertirse en patóloga. Voluntaria de Dynamo desde 2014, la primavera pasada comprendió que su lugar en el mundo no estaba entre los microscopios de un laboratorio, sino entre los huéspedes del Campus. Así, se incorporó al personal: «Mi primera vez fue en una sesión internacional», explica. «Al principio tenía muchos temores, me preocupaban las barreras lingüísticas, pero tuve que cambiar de opinión. Si por lo general la comunicación verbal es el paso principal para entrar en contacto, incluso emocionalmente, con alguien, también es cierto que el Campus es uno de los pocos lugares, quizá el único, donde las dificultades comunicativas no representan un obstáculo. Conocí a chicos con importantes déficits cognitivos, a veces era muy difícil lograr captar su atención, a pesar de conocer el lenguaje de signos». Pero entonces, cuando menos te lo esperas, con un gesto, te piden que vayas a comer juntos o simplemente te tienden la mano para estrechar la tuya. Entonces comprendes que solo hay que tener la capacidad de esperar sus tiempos. «Volveré a centrarme en mi camino como bióloga cuando deje de emocionarme con estos gestos», concluye Giovanna. «Cada sesión es como si fuera la primera. Y cuando termina, pienso que Dynamo ha sido la mejor elección que pude hacer».



Hay quien ha sido capaz de experimentar el concepto de la autenticidad desde múltiples perspectivas diferentes. Caterina Barbarulo, 21 años, florentina, estudiante de medicina, es una antigua campista que se convirtió en voluntaria después de completar el programa LIT (Leaders in Training), pensado para satisfacer el deseo expresado por muchos campistas de seguir formando parte de esta experiencia, incluso más allá de la edad límite de 17 años. «Fuera de Dynamo se habla mucho, pero se logra comprender muy poco al prójimo», afirma. «Cuando llegué al Campus, a los 13 años, me sentía perdida. No es fácil aceptar la enfermedad, sobre todo a esa edad. Dynamo me ayudó mucho, porque me hizo sentir comprendida. Todos logran entrar en simbiosis contigo, sin necesidad de palabras». Basta una mirada, un abrazo. Es una magia que se crea, difícil de explicar. Inmediatamente tienes la sensación de poder confiar. Pero convertirse en voluntaria significa invertir la visión: «Ahora soy yo quien tiene que acoger, entrando en la vida de los demás de puntillas», confiesa Caterina. «Es un camino muy profundo: a veces los campistas te hacen sentir sus heridas más profundas, aquellas que aún no han cicatrizado, o te muestran viejas cicatrices que todavía duelen. ¿Nuestra tarea? Ser nosotros mismos, porque basta una mirada para comprender si somos auténticos o no. No es fácil. Solo aceptándonos a nosotros mismos, superando la frontera que hay entre existir y ser, es posible entregarse a ellos, demostrando ser auténtico en el verdadero sentido de la palabra».




Autenticidad es también tener 74 años, hacer las maletas y subir sola primero a un tren, luego a bordo de un autobús, para llegar al Campus. «Siento mucha gratitud porque Dynamo logra sacar lo mejor de nosotros mismos», explica emocionada Ester Filippi, jubilada romana, que pasó toda una vida siendo maestra y ahora está en su tercera experiencia como voluntaria en el comedor de Dynamo. «Lo que recibo a cambio no se puede medir. Cuando vuelvo a casa, a la parroquia, a la biblioteca y al gimnasio, les cuento a todos lo que he vivido en el Campus. Muchos se maravillan de que pueda hacerlo todo sola y algunos me preguntan: “¿Quién te hace hacer eso a tu edad?”. ¡Pero para mí no es absolutamente agotador! La organización es impecable, no falta nada. Hay una respuesta para todo, ni siquiera hay que preguntar. ¡Esta es la Italia que funciona!».



El personal y los voluntarios, por lo demás, se contagian literalmente de la autenticidad de los campistas. Como la de Davide Saccone, 17 años, milanés, ciego de nacimiento, que el verano pasado participó por primera vez en una sesión para adolescentes. Si le preguntas por Dynamo, responde: «¡Patrocinamos Dainamo!». Y si le haces notar que se dice Dynamo, replica con convicción: «¡No, Dainamo! Lo inventé yo». ¡Así que en su entrevista se dirá Dainamo! «Al principio no quería venir solo a Dainamo», explica Davide, «pero luego me divertí porque Dainamo es genial. Cuando llegué, quería conocer a alguien de inmediato, porque soy una persona muy “contactosa”. Tienes a tu disposición una semana de ocio total, no están los padres diciéndote qué hacer. Te olvidas de todo: ¡no es una mentira, es así! Tienen que venir todos a Dainamo porque Dainamo es la única casa que hay». Las tardes más bonitas Davide las pasó haciendo de DJ, gritando desde la consola: «¡No puedo verlos, pero los quiero con las manos en el cielo! ¡Los quiero escuchar, Dainamo!».



Fuente: DYBC MAGAZINE


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